Desdeño toda forma realista, porque así puedo llegar al símbolo, ya que el símbolo es, en mi concepto, la verdadera finalidad del arte.

(Totila Albert)

Totila fue un artista culto, de tendencia espiritual. Su arte fue una búsqueda de la expresión simbólica de sus tres obsesiones permanentes: la pareja humana, la muerte y el patriarcado. La Pareja Humana, está presente en muchas de sus esculturas y evoluciona desde un nudo simbólico hasta la armonía de la pareja en La Tierra. La muerte, por otro lado, ocupó su espíritu como una constante preocupación vital y la plasmó en sus poemas.

Ser poseído por el arte y su fuerza que arranca del inconsciente; dejarse llevar por ese inconsciente que entra en acción y nos domina sin previo aviso; manifestar en sus esculturas la fuerza de la naturaleza americana; el rechazo al academicismo y ante todo salvaguardar la libertad creadora, eran las certezas que impulsaban la poética de Albert.

Sin embargo, sus amigos coinciden en que Totila no solía hablar con ellos de su obra en términos de querer explicar su proceso creativo y menos aún una posible filosofía artística. Al parecer, esas ideas más elaboradas sólo las compartía con Lola Hoffmann y Claudio Naranjo: “ Cuando uno hablaba con Totila Albert, tarde o temprano le iba transmitiendo a uno algo así como una religión del arte. Como que el ser poeta para él era algo más que ser literato. El ser poeta era algo así como entender las cosas a fondo, estar en lo que él llamaba “el espacio de las musas”. Sentía una conexión con una fuente de inspiración que le llegaba literalmente como una voz. Entonces, era como si la inspiración artística fuera también expresión de un estado de conciencia”.

(Claudio Naranjo)

En su Academia Libre, se encerraba acompañado de la música de Beethoven y esculpía con entusiasmo. Los acordes del músico alemán lo acompañaron en la creación de sus esculturas como un fiel amigo. Con él, Totila caía en una especie de trance creativo, se ensimismaba y hacía nacer sus esculturas. Y era rápido para trabajar. No era raro que en dos noches terminara una pieza en yeso.

Según Raúl Malachowski, “Totila estaba convencido que hablaba con Beethoven, que tenía contacto con él. Muchas veces él conversaba en voz alta con el músico, pero no recuerdo qué cosas… ¡Han pasado tantos años! Lo hacía especialmente cuando estaba esculpiendo el Bolívar y lógicamente la escultura de Beethoven. ¡Tenían mucha fuerza sus esculturas! Esas cabezas eran retratos muy expresivos. El Bolivar era fenomenal y el triángulo que esculpió muchas veces: el hombre, la mujer y el niño, también.

Creo que los trabajos que más lo llenaban eran Beethoven y el Bolívar. A mi juicio le gustaban más que su Rodó. ¡Es que el personaje Bolívar le interesó tanto! Actualmente, en ese libro de García Márquez sobre Simón Bolivar, nos damos cuenta que el libertador era un personaje raro. Basándome en ese libro, entiendo ahora por qué a Totila le interesaba tanto: por su extrañeza.

Albert era totalmente expresionista, nada de moderno. Se me quejaba mucho que la gente en Chile, especialmente los escultores, estaban contra él. Sobre todo mientras fue joven y cuando volvió de Alemania por segunda vez, le declararon una guerra en su contra. Lo atribuía a envidias. Nunca admiró a ningún escultor chileno. Su expulsión del Bellas Artes lo marcó para siempre, esa fue su gran herida”.

En el Tres veces nuestro, encontramos poemas sobre el significado y simbolismo de esculturas como el Monumento a Rodó, el Monumento a Rubén Darío, El vuelo del genio, El nacimiento del canto, El horizonte humano, El arco iris y el Monumento a Magallanes Moure.

¿Qué expresan esas esculturas tan reconocibles, originales y tensionadas con movimiento interno y externo? ¿Cómo nacen esas parejas entrelazadas que conforman un solo ser?

Ansiábamos conocer el proceso creativo de Albert, opiniones de su propia boca. Y cuando ya pensábamos que no encontraríamos más que lo hallado en el Tres Veces Nuestro, descubrimos otra fuente directa, en un lenguaje mucho más accesible que el de su poesía. Se trata de un viejo album de cuero repleto de recortes de periódicos y con sus tapas ya oscuras y a medio desarmar por el correr del tiempo. Se trata de una colección de artículos y entrevistas a Totila que con cariño y orgullo recopiló y guardó la familia Albert para conservar un recuerdo del camino artístico que recorrió este hombre tan singular. Los artículos seleccionados (aquellos que aún están legibles, atesorados en esos papeles frágiles de puro viejos), en su mayoría entrevistas, se publicaron en diversos periódicos nacionales y en uno boliviano, entre 1923 y 1939. Allí están sus ideas sobre el mundo artístico, la sociedad de su época y datos de su biografía contada por él mismo.

Sorpresivamente, durante la lectura del material, nos encontramos con un Totila joven que se explayaba en amenas conversaciones llenas de entusiasmo e infladas por una gran autoestima. Este Totila escondido dentro del álbum, sale para figurar ante todos, quiere destacar y deslumbrar al mundo. Sus palabras suenan a veces autoritarias, despectivas. Es la otra cara de la moneda de ese ser humilde y sereno que describen sus amigos. Éste es categórico y muy seguro de su indudable calidad artística. En sus comentarios se vislumbra su conocimiento sobre la historia del arte; emite críticas, inventa ideas extravagantes y se evidencia como un idealista consumado. En fin, este es el Totila en plena etapa creativa y lleno de sueños para sí mismo y el arte en general.

Incluimos también, como último artículo de prensa, aquel que escribió Gabriela Mistral sobre el escultor.

MIS COMIENZOS COMO ESCULTOR

Salvador Reyes, El escultor Totila Albert ( Zig-Zag, Santiago, 1/12/1923)

Yo, -dice- nací en Chile. Fui a Alemania en 1903; regresé en 1912, y de acuerdo con los deseos de mi padre, me dediqué a estudiar agricultura, aquí en Santiago. ¡Qué lejos estaba entonces de suponer el cambio de profesión que tendría más tarde! En la Escuela de Agronomía conocí a Arturo Valdés Alfonso con quién pasé muy buenos momentos. Nos entusiasmaban los grandes árboles de la Quinta Normal; cuando se trataba de abejas, Arturo se volvía loco de alegría; yo sentía una piedad infinita por los animales que servían para los experimentos, y en fin, los dos nos preocupábamos de mil cosas, que no tenían ninguna relación con nuestros estudios…

Arturo hacía ya en aquel tiempo pequeños ensayos de pintura y escultura. Un día se le ocurrió comprar plasticina y me animó a imitarlo en sus ensayos. Me decidí y ejecuté algunas copias de grabados, a los cuales daba una plástica – entre ellos una copia de “La Primavera”de Rodin- que llamaron la atención de algunos amigos de mi padre. Mientras tanto, en nuestras charlas con Arturo, nos ocupábamos intensamente de literatura y de historia del arte. En mi familia se empezó a dudar de mí. Veían con pena que terminaría siendo escritor o algo por el estilo. Sólo mi madre miraba con simpatía estas disposiciones. Ella se hubiera sentido feliz viendo que yo orientaba mi vida por el camino artístico. Así pasaron algunos años, hasta que en 1915, con motivo del fallecimiento de unos tíos míos que residían en Alemania, partí acompañando a mi padre. Tan pronto como llegué a Berlín me presenté a la Academia. Allí, para recibirme, me exigieron mis trabajos.- “¿Qué trabajos?”- pregunté. Yo vengo aquí para estudiar, para hacer más tarde los trabajos”. Me explicaron que debía demostrar aptitudes para ingresar a la Academia y me recomendaron un profesor para que me hiciera clases particulares. Trabajé con este profesor por espacio de un año, pasando el cual volví a la Academia. Esta vez me aceptaron, pero sólo estuve allí tres meses. Me fue imposible continuar. Era preciso permanecer allí seis años para llegar a copiar el modelo vivo. ¿Conciben ustedes cosa semejante? ¿Qué entusiasmo resiste seis años de estudio metódico? Me retiré bastante desorientado de esa Academia, pero quiso mi suerte que el escultor Metzner, uno de los grandes maestros alemanes viera algunos de mis trabajos y se interesara por mí, invitándome a trabajar en su taller. Yo, feliz y lleno de esperanzas me fui junto a Metzner. Estuve seis semanas con él. A pesar de mis esfuerzos, no pude resistir aquella aplastante labor del maestro. Me sentí aniquilado, anulado por la grandeza de su obra. Todos mis entusiasmos desaparecieron. – “¿Cuando, - pensaba – podré hacer algo digno de lo que este hombre hace?”. Decepcionado, recordé ciertas disposiciones musicales que poseía e hice algunas gestiones para entrar a estudiar órgano. El órgano es un instrumento que siempre me ha despertado gran admiración. Le comuniqué a Metzner lo que proyectaba y éste se indignó terriblemente. – “¡Ah! – decía – ¿De manera que usted no se siente escultor? Pero, ¿quién es escultor entonces si usted no lo es? ¿Quiere usted hacer música? Ahora está usted haciendo música con sus trabajos. Todo el arte es música, sólo los elementos cambian”.

En fin, aquello fue una amonestación terrible. Pero la palabra de aquel hombre me salvó. Mi carrera artística se la debo en primer término, a Arturo Valdés Alfonso, y en segundo, a Metzner. Sin los consejos y las frases de aliento que estas dos personas tuvieron siempre para conmigo, yo me habría desorientado. Así pues, de acuerdo con las palabras del maestro, instalé un taller y me puse a trabajar solo. Pasó algún tiempo, hasta que dio la coincidencia de que un yesero que amoldaba mis trabajos y que servía al mismo tiempo a otros artistas, fue un día al taller de Ledevev, el más grande de los escultores modernos de Alemania, llevando en su carrito un busto que yo acababa de terminar. Preguntó Ledevev de quién era esa obra y cuando se lo dijeron declaró que le interesaba y que iría a verme. En efecto a los dos o tres días golpean a mi puerta, y el gran artista aparece ante mis ojos asombrados. Tenía entonces yo en mi taller, el proyecto de mi monumento “Las mujeres de la montaña”. Estuvo Ledevev ante él un cuarto de hora sin proferir una palabra. Al cabo de este tiempo, me dijo – “Albert, tiene usted aquí lo que yo he tratado de hacer durante mucho tiempo y no he conseguido nunca”. Desde ese día el maestro fue mi mejor amigo y su ayuda me ha sido preciosa en muchos casos.

Yo he concurrido a multitud de exposiciones. Existía una en Berlín, muy importante: la de la “Berlin Asociacion”, pero ocurrió que en el último tiempo, el criterio que la gobernaba resultó estrecho para las modernas tendencias de las artes, sobreviniendo entonces una separación. La fracción revolucionaria se llamó “Los independientes”. Sin embargo, como hoy existe en arte un verdadero caos, ha habido nuevas separaciones, formándose, de este modo, multitud de grupos sin consistencia. “La Berlin Asociacion” descansa hoy sobre su antiguo prestigio. Una vez me ocurrió algo muy curioso con los dirigentes de este centro artístico. Tenía yo una cantidad de trabajos listos para mandar a la exposición, entre estos se contaba un busto de mi maestro Metzner, que había fallecido hacía poco. De esta obra estaba yo bastante satisfecho. Ledevev, que formaba parte del jurado de admisión de la “Berlin Asociacion” y que visitaba con frecuencia mi taller, se entusiasmó con el busto y me encargó muy especialmente que lo enviara. Así lo hice, y cuál no sería mi asombro cuando me enteré que sólo me habían admitido dos trabajos pequeños. Tan pronto como recibí la noticia, telefonee a Ledevev, el cual me respondió que el jurado estaba compuesto por tres escultores y seis pintores y que, aunque los escultores estaban todos de mi parte, los pintores habían rechazado mis trabajos, especialmente el busto de Metzner, alegando que su valor menoscabaría el de los cuadros que se expusieran. Yo creí que esos señores se habrían escapado de un manicomio, pero lo más divertido viene luego. Pasaron tres años y para otra exposición de la “Berlin Asociacion”, yo preparé el envío de una estatua mía. Fue el jurado a mi taller, según se acostumbra, para evitar la conducción de la estatua y la devolución en caso de ser rechazada. Deliberaron y cuando se hubieron puesto de acuerdo me llamaron y me dijeron - “Todos sus trabajos nos parecen interesantes, pero el que desearíamos que usted presentara a la exposición, es ese busto de Metzner”. Yo les repliqué en seguida, que aquello era imposible, porque tres años atrás, ellos mismos habían rechazado ese trabajo, el cual durante este tiempo nada podía haber mejorado, pues no lo había tocado para nada. Además, agregué que este busto había sido ya exhibido en el salón de los “Independientes”, y por fin, que teniendo yo otros trabajos recientes, no deseaba exponer cosas antiguas. También les dije que como todo era cuestión de paciencia, esperaría tres años más para que ellos encontraran buenas las obras que hoy les ofrecía. Me marché del taller y los señores del jurado se fueron algo corridos.

Yo estoy contento de mi labor. He trabajado rudamente durante nueve años. Si hubiera permanecido en la famosa Academia, hoy no sería nadie, como les ocurre a los que fueron mis compañeros allí. En cambio, es imposible escribir un artículo sobre escultura en Alemania y no citarme. A mi ya no se me puede echar a un lado.

Regresaré en abril a Alemania. Pienso pasar los veranos chilenos en Chile y los veranos europeos en Europa.

De la vida de los artistas alemanes, no quiero hablar. Yo he vivido siempre alejado. ¿Qué interés tiene frecuentar cenáculos, fumar cigarrillos y beber cerveza y vino hasta el amanecer? Prefiero hacer lo que quiero hacer. Es más fecundo y más noble.

Aquí me ha sorprendido una cosa muy divertida. Algunos me creen discípulo de Bourdelle y de Mestrovick. Yo, en realidad, desconocía estos nombres. En Alemania estos dos artistas son desconocidos. En Mestrovick encuentro muchas influencias de Metzner.

¿Proyectos? ¡Oh, cómo hablar de mis proyectos! En realidad, no podría decir: haré esto o lo otro. No es uno quien conduce al arte, sino el arte es quien lo conduce a uno.

EL SUBCONSCIENTE TRABAJA POR MI

Bizarre, Totila Albert (El Mercurio, Santiago, 10/12/1923)

He hablado mucho con Totila . Una mañana, en medio de sus obras, en el pequeño taller que le ha arreglado Ismael Valdés Alfonso; y una noche entre mis libros, y en seguida deambulando por esas calles tétricas y oscuras de Santiago, hasta cerca del amanecer.

Nunca me había sentido más interesado. Los silencios de la conversación sugerente y sencilla los aprovechaba con gusto para gozar lo recién dicho.

Ante todo, Totila es un artista. Un artista bajo cuanto aspecto pueda considerársele, a excepción del aparentar ser artista. Le escucharían con agrado un niño y un letrado.

Lentamente las teorías que parecen absurdas, van aclarándose y brillando en la simplicidad de su decir.

Sus obras difíciles de explicar, representan tan bien su voluntad y su estética, que uno se avergüenza de no haberlas comprendido antes.

Recuerdo que le pregunté cuál era en realidad su patria, ya que sus padres eran alemanes y que en Alemania había adquirido sus conocimientos de arte.

-Chile- me dice sonriente, y se queda un largo rato mirándome. El hombre tiene dos edades: la de absorción, que dura hasta los veinte años más o menos, es decir, cuando las impresiones casi imperceptibles que se van recogiendo en el espíritu, forman la personalidad que se ha de dar a conocer ulteriormente, en la segunda etapa, que está destinada a dar salida a esas impresiones entonces absorbidas. ¿Cree usted que sin estas cordilleras macizas y quebradas, que sin esta naturaleza ruda y hermosa mi obra sería lo que es? Aún más y para ser más preciso voy a referirle un hecho. Hace muchos años estaba yo en Chile y viajaba con mi buen padre, que tanto ha hecho por los árboles en este país, por las reservas forestales de Malleco. El bosque nos encerraba y nos apretaba. En un momento me fijé en una serie de palotes confundidos y aglomerados que estaban en el suelo. Era el verano y la época del amor. Sentí una enorme exaltación ante esa manifestación de vida en medio de esa gran soledad. Recogí muchas parejas y después, ya en mi casa, las puse bajo un vidrio, y las examiné durante largas horas.
Seis años pasaron. Estaba en Alemania. Una noche conversábamos en mi taller con Isaías Cabezón y Manuel Bianchi: era tarde y mis compañeros, somnolientos, apenas hablaban. Cerca de la una se fueron a acostar. Yo sentía una inquietud, una especie de sobresalto. Me fui a mi habitación y cuando estuve ya en cama me di cuenta que no tenía sueño y sin saber por qué bajé al taller. Allí tomé la arcilla y durante varias horas, amasé, pulí y cree formas en una especie de sonambulismo. Cuando hube terminado, cubrí lo realizado y me fui a mi dormitorio. Estaba perfectamente tranquilo ahora, y en cuanto puse la cabeza en la almohada me quedé dormido.

Al día siguiente fui a ver lo hecho. Me gustó extraordinariamente y de la maquette empecé a confeccionar la obra definitiva.

Pasaron seis meses. Nuevamente conversábamos un día en el taller con Isaías y Bianchi. Yo estaba abstraído junto a una ventana. Pensaba en Chile. De repente una especie de velo empezó a correrse en mi espíritu y vi claramente que la obra realizada no era sino la impresión que me produjeron tantos años antes los palotes. Sin Chile no habría podido hacer nunca mi “Ritmo eterno”.

Tengo un inmenso amor a Chile, como tengo una gran veneración por Alemania. “

Y en realidad, la obra de Totila, es ruda como nuestras montañas, suave como nuestras arenas y lujuriosa como nuestra naturaleza.

Con igual sencillez explica sus tendencias y su arte.

Un artista, ante todo, debe expresar sus sentimientos. Nunca he podido estar en una academia. No sé si hago bien o mal las cosas, pero hago lo que siento. Cuando trabajo me parece que una subconciencia lo hace por mí. Como si algo superior e incomprendido guiase mi mano y mi pensamiento. ¿Maestros? Acaso los he tenido. Metzner fue profesor mío por poco tiempo, lo admiro y lo quiero. Archiphenko, el ruso, me gusta, me interesan extraordinariamente algunas de sus obras y comulgo con muchas de sus ideas.
¿Qué pretendo? Ya lo dije: expresar mis sentimientos. Dar una idea rítmica absoluta a mis concepciones. Mire esta estatua. La modelo tenía la pierna aquí, era imposible que la pusiese donde yo la coloqué, sin destruir sus músculos y su conformación. Sin embargo, yo lo hice así, por el ritmo, porque me parece que sólo así expresa la idea rítmica que persigo.”

LA EXPOSICION EN LA CASA EYZAGUIRRE

Jack the Ripper, Charlando con un revolucionario (Los Tiempos, Stgo. 15/12/1923)

El escultor chileno Totila Albert, ausente durante ocho años de su patria, ha abierto en la Casa Eyzaguirre, una exposición de sus obras que ha llamado la atención del público y los artistas por la audacia desconcertante de sus concepciones.

- No quería, dice el señor Albert, dejar de traer a Chile algunas de mis obras. Hace ocho años partí de aquí. Durante ese tiempo he luchado, he padecido, he vivido mucho. Pero el público y la crítica de Europa han sido benévolos: me han estimulado.
Sin duda, la escultura está hoy en Alemania. Tuve allí la suerte de conocer a Metzner. Un coloso. Fui su discípulo, trabajé a su lado; con él comprendí en su plenitud verdades que mi intuición me había hecho vislumbrar.
Toda mi vida he sido enemigo de del aprendizaje de las academias. He concurrido a ellas con la mejor voluntad, pero no he podido amoldarme a su detallismo riguroso y prolijo. El artista necesita libertad, aire, campo para desarrollar ampliamente sus facultades. Y allí sólo saben cortarle a uno las alas…
Yo comprendo al maestro como un iniciador, como un despertador de energías, como un encauzador, pero nunca como un modelo del cual no hay que apartarse en ningún caso. Esto, en arte, es imposible.
Un poeta, de los de más valor de la nueva generación, ha puesto prólogo a la edición alemana de una monografía de arte de mis obras. Manuel Bianchi, el inteligente secretario de nuestra Legación en Alemania, ha prologado la edición castellana.

Alberto Einstein, el gran filósofo y renovador de la física, me ha concedido la gracia de posar para un busto, hecho raro en un temperamento retraído y huraño como el suyo. El busto, favorablemente acogido por la crítica europea, ha sido adquirido por nuestro Instituto de Ingenieros.

Con los chilenos que luchan en Alemania he vivido en una franca camaradería. Isaías Cabezón trabaja con entusiasmo y piensa mandar el próximo año una exposición de sus obras. Rafael Silva de la Cuadra, goza de la estimación de sus maestros que ven en él una promesa del arte musical. Helvecia Padlina es otro nombre digno de recordarse. Otro tanto hay que decir en elogio de Australia Tonel, Claudio Arrau, Rosita y Blanca Renard, Armando Palacios.

Ha callado un momento el artista. Nosotros contemplamos el busto de la pianista chilena Helvecia Padlina, una de las más hermosas obras de Totila Albert.

Yo iba a traer, continúa, los últimos cuadros de Isaías Cabezón, pero no fue posible. En cambio, he traído la parte más considerable de la labor de algunos compañeros, pintores y escultores, de la última generación alemana. Y no podría dejar pasar la ocasión, para mí inolvidable, de esta primera exposición de mis obras en mi patria, sin asociar mí nombre al de que más que un amigo fue para mí un hermano: Arturo Valdés Alfonso, un gran artista que se extinguió en plena primavera. Mucho debíamos esperar de su generoso espíritu.
Y Totila Albert, con un gesto fraternal, nos muestra la obra de sus amigos que, con la suya, llena la sala de exposiciones de la Casa Eyzaguirre

ARTE Y SOCIEDAD

Jean Emar, Con el escultor Totila Albert ( La Nación, Santiago, 18/12/1923)

El público de mi país no es como lo pintan en el extranjero. “A usted lo van a abofetear si presenta obras modernas”, me decían en Alemania mis propios compatriotas. No es así y estoy muy contento.

Por mi parte, nunca he distinguido un público de otro. Sobre todo en materia de artes. Los hay más o menos educados y entonces lo son tanto para manifestaciones artísticas, como para ir por la calle o subir al tranvía. Totila me explica:

Pero hay un público de “elite” compuesto de dos personas o de mil, no importa. Lo hay. Desde que abrí mi exposición hasta el día de su clausura, fui objeto de una gran ayuda espiritual de parte de todo un grupo…no, digamos mejor, de toda una generación; la generación joven. La generación joven de Chile es mejor que las generaciones anteriores. Esto se halla dentro de lo lógico. Sin embargo, es grato, gratísimo constatarlo. La nueva generación ama el arte. Todas aman el arte. Lo difícil es “saber” amarlo. La generación joven sabe amar el arte. Es esto lo que me tiene muy contento.

En Chile hay un gran sentido de orden. Se ama el orden, aunque se quiera demostrar lo contrario. Al pasar el túnel de la cordillera se nota esto. El sentido de orden es el empeño espontáneo de un pueblo para satisfacer sus necesidades primeras. He creído notar que es así. Sin embargo, en un punto falta este sentido. En un punto nadie trata de satisfacer una necesidad primera. Tal vez es inconsciencia. Esa necesidad es el arte; mejor dicho, la suerte de los artistas. Ante el arte, Chile levanta displicente los hombros, como los levantan ante cualquier empresa, los pueblos desorganizados. Esto es muy triste. Bajo este punto de vista no estoy contento. Los artistas no tienen talleres porque en Santiago no hay talleres. Esto es lamentable. He visto en la Escuela de Bellas Artes unas ratoneras en el entretecho. Lamentable. ¿Por qué todo el gran edificio que hoy es museo no se convierte en talleres? Un museo que nadie visita porque no tiene ningún interés. Todo eso. ¡Talleres! Es mi idea.

Bajo la melena y tras las gafas idealistas, hay, sin duda, un gran sentido práctico. Se lo digo y él me asegura que no es tanto, que lo que hay es que los artistas chilenos se han acostumbrado a muchos malos hábitos que es menester abolir decididamente.

La entrada a las exposiciones debe ser pagada. Por ley, ¿oyó usted? Por ley debiera prohibirse toda exposición gratis. En algo, al menos, que contribuya el público al bienestar del artista: ayudarle al pago de la sala en que expone – para la cultura y el agrado general – el fruto de su trabajo. Los artistas somos pobres, la gran mayoría; aquí como en todo el mundo. Y tenemos ¡todavía! que pagar para dar nuestras lecciones de cultura… Esto ya no es lamentable, ¡es un crimen! ¿Por qué somos pobres los artistas? ¡Ah! señor esto nos dará tema para otra entrevista y ocasión para charlar nuevamente de esta heroica y penosa carrera de las artes. Dígame usted que conoce más a fondo mi país que yo: ¿cómo no hay en esta hermosa tierra del salitre, de las minas y de la agricultura abundante, ni un sólo capitalista que dedique dos centavos a fomentar las artes?

Las economías, la lucha por la vida, el encarecimiento… ¡Pobres artistas! ¿Quién puede pensar en ellos? Mientras tanto…el burgués pide palacios, el obrero pide palacios, el campesino pide palacios. Sólo el artista calla porque se le olvida. Y él no pide más que taller, taller…el único rincón que se contenta con ser rústico, con tal de tener un gran ventanal para recibir buena luz. Y pensar que burgués, obrero y campesino, cuando tengan sus palacios, dirigirán los ojos al “taller” para acallar la voz del espíritu que entonces empezará a hablar.

Dice Totila:

Si no hay gente pudiente que se interese por las artes, esto es más que lamentable, es más que criminal; es: ¡risible! Sitios donde trabajar y sitios donde exponer: necesidades primeras. Luego: contacto íntimo contacto con los demás pueblos, con el arte universal. Sí, señor, anote usted esto y publíquelo: con las artes que no haya aduanas, ni impedimentos de ninguna especie. Gravar la llegada de pinturas y esculturas, la libre circulación del espíritu humano, es sencillamente, asesinar las artes, asesinar el alma, asesinar la vida entera. He oído que hay quienes lo desean…A los artistas de aquí fáltales ver el arte universal. Es lo único que les falta. Si quieren encerrarse, se suicidan. Yo quiero contribuir en esta obra de acercamiento. Puedo hacerlo respecto a Alemania. Quiero traer a mi país desde el academismo estagnado y estéril hasta las locuras dadaístas. Hay que traerlo y mostrarlo todo. Es lo que aquí hace falta: ver el desarrollo de las artes, sorprender la línea de desenvolvimiento que da a cada manifestación de arte, su razón de ser. Hay que hacerlo, créamelo usted señor. El arte es lo único que sobrevive. Todo lo demás muere. Todos los esfuerzos de un pueblo se pierden si no se aseguran en valores imperecederos, valores que sólo el arte puede crear. ¿Qué nos queda de los antiguos chinos, de los egipcios y de los griegos? Su filosofía, sus artes y sus letras. Lo demás… ¡murió!

IDEAS SOBRE LA ESCULTURA CONTEMPORANEA

Extracto de entrevista a Totila Albert, Su concepto estético – Sus ideas sobre escultura contemporánea

(La Razón, 23/8/1924)

(…) Aunque profeso una admiración profunda por los griegos, procuro separarme del peligro moderno de ir a Grecia y de ser un simple imitador. La simplicidad y grandeza de las formas primitivas me sugestiona. Desdeño toda forma realista , porque así puedo llegar al símbolo, ya que el símbolo es, en mi concepto, la verdadera finalidad del arte.

Preguntamos al artista, qué opinión tiene sobre los eternos problemas de la línea, la expresión, la sugestión y la luz. El señor Albert, gentilmente nos responde

La línea es la manifestación de la voluntad; la expresión es, para mí, el reflejo de lo subconsciente; la sugestión, la facultad creadora, que no decide, sino que busca un colaborador para que se penetre nuestro pensamiento. En cuanto a la luz, ella es la resultante de la forma.

¿Y la forma? – interrogamos- ¿no sería más bien una resultante de la acción de la luz?

No, - contéstanos Albert – porque la luz es como un líquido que no tiene forma propia, sino que se amolda a los cuerpos. La luz no es el punto de partida, sino simplemente el final.

Y ya que nos encontramos en este punto, que puede ser discutido, y nos parece un poco lejano para las artes de América, quiere usted manifestarnos ¿cuál es el estado en que se encuentra como evolución y progreso la cultura en Chile?

Con un inconfundible acento teutón, pese a su nacionalidad, nos dice:

El talento artístico chileno, fundamentalmente plástico, es capaz de desarrollarse en una forma asombrosa y definitiva para el arte sudamericano, siempre que se libre de las tradiciones huecas de una expresión imitativa.

El minero que está en contacto con la montaña, tiene su ideología adaptada a los volúmenes, y de ahí nace la visión netamente plástica de la vida; y de ahí derivan los escultores, los que nunca surgirán de la planicie. Nosotros vivimos en la montaña y lógicamente tendremos hombres que han de traducir sus sentimientos en volúmenes. Por el momento no tenemos sino una escultura imitativa, sin sello individual, salvo el caso de José Perotti.

¿Y está usted seguro que todo país de montaña es exclusivamente país de escultores?

Completamente seguro, nos contestó Albert.

¿Y cuando la llanura vence y el desierto se extiende, como en el caso de los egipcios o de los asirios?

Es que el desierto desnudo es una mole de una plasticidad tan absoluta y limpia, que equivale a los cuerpos voluminosos de la montaña.

Está bien, contestamos, pero en la estatuaria europea, ¿no son figuras enormes Rodin, Meunier, Bourdelle, Besnard o Julio Antonio, que no pertenecen a los hombres de la montaña?

Rodin – dice el artista – es un genio pictórico, un poeta, un filósofo, pero no es un escultor. Meunier sale de las minas, lo cual no contradice mi teoría, como usted puede darse cuenta. Bourdelle y Besnard van a todas partes, como se desprende claramente de sus obras.

El señor Totila Albert calla unos instantes y agrega:

En cuanto a Julio Antonio, reconozco que fue un temperamento muy fuerte. No tuvo tiempo para revelar una personalidad, aunque prometía mucho. Era un gran expresivo que no pasó de un objetivismo. Pero pudo llegar a ser un subjetivo y utilizar la forma como un pretexto, como un símbolo y nada más, para expresar, como recipiente, la fuerza de la facultad creadora.

Voy a Alemania – terminó diciéndonos Totila Albert – con el único propósito de seguir trabajando – y aunque parezca sin sentido- en un ambiente de tradiciones más antiguas y modernas a la vez.


COINCIDENCIA INTUITIVA

Hernán Diaz Arrieta, Un hallazgo literario ( La Nación, Santiago, 5/3/ 1924)

En cuanto el pequeño soviet literario y artístico formado con el nombre de “Los Amigos de Magallanes” resolvió encargar el monumento del poeta al escultor Totila Albert, “don Totila”, como alguien lo llamaba, púsose a la obra con un plan completo de trabajo en el cerebro: la figura del autor de La Jornada no se erguiría banalmente sobre un pedestal parecido a otros pedestales ni llevaría el levitón de fierro ni los motes habituales a nuestros grandes hombres inmortalizados en los paseos públicos. Totila Albert es un artista original, aborrece por sobre todas las cosas el pecado de la repetición y quiere fundir la belleza en moldes nuevos. ¡Harto testimonio ha dado de ello en sus audaces exposiciones y sus terribles mujeres!

Para interpretar la vida y el genio de Manuel Magallanes Moure imaginó una fuente, una quieta fuente de agua nítida que reflejaría una columna y sobre esta columna una coronación sencilla, semi-esférica, semejante a la mitad del globo terráqueo, cruzada por los anillos de Saturno. La figura del artista evocado saldría de la piedra, ignoramos hasta ahora en qué traje y actitud; pero no seguramente en una actitud y un traje que no serán los que acostumbran las estatuas. En derredor, relieves alusivos a la obra poética de Magallanes Moure, el amor, la belleza, el dolor, la serenidad, la melancolía, todas las visiones que cruzaron por la existencia del gran soñador, más real es hoy que su misma existencia mortal, circundarían la columna y acompañarían en reflejos el rostro de su creador.

La idea fue discutida. Era nueva y tenía que encontrar opositores.

Totila, que habla poco y se mueve mucho, sobre todo con los dedos, que es como conversan los artistas plásticos, en vez de hacer razonamientos para defender su tesis, entregóse denodadamente al trabajo y bajo los antiguos árboles de la quinta Valdés Vergara empezó a levantarse el andamiaje de su proyecto.

Iba ya bastante avanzada la construcción, cuando alguien, registrando papeles en el escritorio de Magallanes, encontró un soneto de Gabriela Mistral y una carta en que la poetisa anunciaba al poeta el envío de los versos, advirtiéndole que dos le parecían tan malos que necesitaban indispensablemente corrección…

El lector juzgará:

LA POESIA DE MAGALLANES MOURE

Una fuente que mana, una fuente que mana,

herida del amor a la melancolía y refleja la muerta tarde y mediodía:

tiene un escalofrío vivo de de carne humana.

No rugió como el mar ni como los torrentes,

fue fina en el placer y muda en la agonía.

Quien la miró de lejos tal vez la creyó fría,

pero al hundir la mano en ella la halló ardiente.

Fuente tan sosegada que es el ensueño mismo:

su círculo tan leve es hondo como abismo

y bebe del misterio por un labio invisible.

Sobre su cristal pasan semblantes de mujeres.

sombras de nubes y árboles: todo un temblor de seres;

Pero en su hondura está la tristeza indecible…


Pues bien, “los Amigos de Magallanes” no pudieron descubrir cuáles eran los versos defectuosos y en cambio hallaron una soberana muestra de poesía y la más asombrosa coincidencia entre el pensamiento de la escritora y la idea del escultor. El soneto era el monumento en versos, era la descripción exacta, hecha muchos años antes, de la “maquette” que se estaba levantando bajo los árboles.

Una voz lejana y poderosa infundía así nuevo aliento a la inspiración del joven artista y como que surgía de entre los recuerdos del muerto para levantar los ánimos. Todo estaba allí: la fuente, el espejo del agua, la serena melancolía y el amor, hasta ese “beber del misterio por un labio invisible” que era una de las grandes preocupaciones de Totila Albert, empeñado en disponer el manantial de tal manera que no pudiera verse de dónde se alimentaba…

RESPONSABILIDAD HACIA LOS ARTISTAS

Carlos Prendez Saldias, Opiniones de Totila Albert ( El Mercurio, Santiago, 21/1/1924)

El monumento de Totila Albert a Magallanes Moure. – Una carta y un soneto de Gabriela Mistral, entre los papeles del poeta. – Maravillosa coincidencia entre el pensamiento de dos grandes artistas modernos.

Con su pequeña gata entre las manos, que ronronea sin pensar en huir, Totila Albert me dice el regocijo que le produjera el recibimiento cordial de la juventud artista de su patria.

Desvinculado por completo, - muchos años de ausencia lo explican – de las dos últimas generaciones intelectuales, desde que llegué a mi tierra fui el camarada de todos. Y puedo decir que yo presentí la acogida amable, ya que vine a Chile a pesar de las advertencias que me hicieran en Alemania algunos compatriotas que visitaron mi taller, y que creían no equivocarse al anunciarme una “pateadura criolla” apenas mostrase al público las obras que ellos conocían. Y ya ve Ud. cómo les faltó razón. La sociedad santiaguina se interesó vivamente por la exposición que yo hiciera en la honrosa compañía de pintores alemanes de hoy. Durante una semana he visto en la sala Eyzaguirre un verdadero desfile de gente culta. Atraída tal vez por “la cosa nueva” de que hablaron la mayoría de los críticos al ocuparse de mí.
La gatita se le va de las manos, y Totila sonríe viéndola perderse bajo el diván de cretona floreada.

Hubo también sus notas cómicas – me dice – Varias señoritas, al asomarse a mi exposición, veían en medio del cuarto mi bronce “Himno”, y huían despavoridas. Lo sentí por ellas, créame. Y eran bonitas y elegantes.

¡Tonto espíritu monjil, colonia viva!, le digo. ¿Cuándo se dejará de ver en el desnudo artístico un motivo sensual? Totila, con un tono lastimero, me replica: - A qué admirarse de pequeñas incomprensiones, si en arte llevamos un atraso de medio siglo? Lo que ya no se discute en Europa, aquí asusta todavía a las gentes, y lo que es más grave, a los mismos artistas. ¡Qué falta nos hace a los escultores y pintores chilenos un viaje a Europa, de estudio y renovación! A Perotti, que tiene ya una comprensión sólida de la escultura, debe agradecerse el haber mostrado las nuevas rutas. ¡Pero falta tanto todavía!
A los pensionados en el extranjero se les deja sin ayuda después de un año, y en tan poco tiempo es imposible que se orienten y desenvuelvan su personalidad. La permanencia no debe ser inferior a tres años.

Entre otros, el escultor David Soto, temperamento muy personal, ganaría inmensamente con una estada en Europa.

Totila me interroga con los ojos; los nombres que le he dicho, le sorprenden, y quiere datos sobre ambos. Yo callo discretamente.

Somos en América el núcleo más valioso de escultores, y el gobierno nos abandona. Nicanor Plaza, el que comprendió mejor el alma de nuestros indios, y Simón González, el artista de dolorosa vida interior, perdidos ya en la noche sin término, no tuvieron jamás el apoyo oficial. Los políticos jóvenes deben ayudar a los artistas y, en especial a los escultores, por la dificultad que éstos encuentran en Chile para vivir de su obra. La República Argentina, casi asfixiada en su mercantilismo gigante, ha repartido a sus escasos artistas en los grandes centros culturales del globo, y ya empieza a tener nombres que la enorgullecen. Si aquí se hiciese otro tanto…
Totila interrumpe su charla y, queriendo hacerle olvidar las ingratitudes que comentara, le hablo de su labor actual.
Estaré en Chile hasta abril, me dice. Proyecté un viaje muy corto, y he debido quedarme para terminar algunos trabajos. Hago actualmente tres bustos, entre ellos el de la esposa de don Ismael Valdés Vergara, y sé ya de otros que me pedirán. Como las dificultades de la vida en Berlín van más allá de lo imaginable, lo que estos trabajos representan será para mí una ayuda muy eficaz.
Me habla con profundo dolor del verdadero calvario que sufren los artistas alemanes. Hoy no tienen otro empeño que defenderse del hambre – me dice - . Yo conocí a muchos que sólo se mantenían de agua y de mal pan. ¡Los presidiarios de cualquier rincón del mundo viven mejor que ellos! De ahí mis afanes para vender las obras que yo traje de tres amigos.
Le pregunto por la conferencia que anunciara, “Alemania artística”, y me responde que la dará a principios de marzo. Será –me dice,- una explicación anticipada al valioso conjunto de obras alemanas que traeré a Chile en mi próximo viaje. Si obtengo el apoyo del Gobierno – y creo que contaré con él- realizaré con todo entusiasmo esa gran obra de cultura colectiva. Traer una exposición como la proyectada por mí es un gran esfuerzo, que necesita algo más que la responsabilidad de un individuo. Si yo consiguiese llevar una comisión del Gobierno, ningún artista se negaría a entregarme sus producciones.
Y tendré que pedir también el apoyo material para el logro de mis anhelos. Los gastos de seguro, embalaje y transporte no puedo hacerlos yo. No soy sino artista chileno, y quien tal dice, dice pobre tácitamente.
Salimos del taller de Totila y caminamos bajo los árboles. La casa de los Valdés Alfonso – el recibe cariñoso hospedaje en ella, - es acogedora en esta noche plateada, con su parque fragante y la luna que lo llena…
Mirando el horizonte clarísimo, me dice Totila sus últimas palabras:
-Yo debo mis condiciones de artista, antes que a nada, a las montañas de mi tierra. Y quien sabe si un poco también al hecho de no haber estado jamás en una Escuela de Bellas Artes.

DIFERENTES PUEBLOS, DISTINTOS ARTES

V. Con el escultor Totila Albert (La Unión, Valparaiso, 24/5/ 1924)

Ayer tarde logramos encontrarnos con el escultor chileno Totila Albert, a quien buscábamos desde hace días y cuyas obras, de las que ya nos ocupamos, se exhiben en la Casa Mori y Guevara.

Teníamos interés por conversar con el artista que ha permanecido largos años en Europa y cuya obra se ha colocado a grande altura en los centros artísticos de Alemania, donde goza de gran reputación.

Más aún, sus esculturas han venido a demostrar al público chileno que un arte nuevo ha aparecido sobre los moldes en que se ha fundido la obra, siempre uniforme, de varias centurias.

No se trata ya de un novel a quien se puede mirar con desconfianza, como se hace con los pintores y los músicos, sino de uno que ha triunfado, de un artista cuya obra tiene un valor positivo en los centros mismos en que se ha adorado el arte académico: - en Europa, - en Alemania, donde hoy se yergue el cetro de las evoluciones artísticas…

Primero, una pregunta cualquiera, buscando el tema:

¿Dónde le ha ido mejor, aquí o en Santiago?

En Valparaíso – nos dice. Aquí he vendido dos esculturas. En Santiago no vendí ninguna. Esta es la mejor demostración de la comprensión del arte que hay en ambas ciudades. Sin embargo, esto no me martiriza, porque no me había formado una ilusión óptima: sin embargo, me habría agregado un estímulo.

¿A qué se debió su viaje a Chile?

Una circunstancia inesperada. Una familia chilena, Valdés Alfonso, residente varios años en Alemania, me invitó. Acepté gustoso en consideración a varias razones: el deseo de regresar a mi patria después de ocho años de ausencia, visitar a mi familia, a mi padre, que me aguardaban, y por último mostrarles mi obra, la obra realizada en largos años de constante batallar y que ha logrado darme una situación espectable en Alemania.

¿ Usted es chileno, eh?

Muy chileno: mi padre es Inspector de la Oficina de Bosques, Pesca y Caza, que ha dado a Chile una riqueza inmensa. Yo dejé a Chile en 1915 para ir a Alemania a estudiar: pero mi nombre alemán me ha producido una situación especial: en Alemania soy tenido por chileno y en tal calidad se me priva de participar en concursos en que me gustaría tomar parte. He venido a Chile, y aquí se me mira como a un extranjero.

¿Cuáles han sido sus profesores de Escultura?

Varios: pero, preferentemente, y a quien guardo profundo respeto y admiración, es el profesor Metzner, célebre escultor y autor del Monumento de la Batalla de las Naciones, uno de los más valiosos de Europa.

¿Algunos pasos decisivos en su vida de artista…?

Llegué a Berlín en 1915 ansioso de estudiar Escultura: de ser escultor, de saber, de hacer arte. Tras largos meses de trajines, en 1916, logré rendir examen en la Academia de Berlín. como resultado fui admitido; y desde entonces, un nuevo horizonte se abrió ante mí. En 1917, instalé taller propio y me entregué por completo al trabajo.

De sus presentaciones a las Exposiciones Oficiales, ¿qué nos puede decir?

Que mis obras figuran en las tres principales Exposiciones que hay en Berlín: la de la Academia que pasa hoy por ser una de las mejores del mundo: la Berliner Secession, que, aunque formada por elementos que se separaron de la anterior con el espíritu de hacer obra avanzada, es hoy más académica que aquélla; y la de los Independientes, a la que tienen acceso las escuelas y tendencias más opuestas, donde hay el más amplio espíritu de libertad.
En estas tres – agrega – figuro desde 1918. Y en la de Berlín se me ha concedido la distinción de que año tras año se me invita a participar en ella, sin necesidad de pasar por el jurado de admisión.

¿Qué dice la crítica artística alemana de su obra?

Se han vertido juicios elogiosísimos para mi obra: se le ha analizado bajo sus diversos aspectos. Pero algunas esculturas han producido polémicas y hasta duros ataques.

¿Alguna de éstas?

El ritmo eterno”, un trabajo que quiero con predilección porque con él he resuelto algo que buscaba desde muchos años: producir armonía con lo que de estático y dinámico tiene la naturaleza.

¿Tiene otras obras preferidas?

Puedo decir que tengo tres más: son obras en que he puesto mi alma, mi cariño, todos mis sentimientos: ellas son “Las mujeres de la montaña”. Los relieves del Dante”, y el monumento al poeta Magallanes. De estas cuatro obras les hablaré más detalladamente en otra ocasión.

¿Cuál es su fuente de inspiración o cuál es su divisa artística?

Yo creo que el arte tiene una fuente inagotable, infinita, en la naturaleza: debemos ir a ella, y cuanto más la penetremos, la comprendamos, más sólida será la obra del artista.

¿Cómo entiende usted el “arte nuevo”?

Es necesario, ante todo, hacer una aclaración sobre lo que se entiende por arte clásico. Todo el mundo cree que, al decirse arte clásico, se refiere al arte griego. Esto es un error. Arte clásico quiere decir arte primitivo, originario, inicial: de manera que el arte griego fue clásico para Grecia; pero Egipto también tuvo su arte, también la India, México, Perú, Arauco, etc.

El arte egipcio, por ejemplo, es tan grande como el de Atenas. Prueba de ello es que ahora todavía continúan los investigadores deduciendo cómo hacían los egipcios sus obras monumentales; los bajo relieves tienen un valor incalculable que nos hablan de un arte grande. Se me argumentará lo de la proporción. Pero ¿qué es la proporción? Una cosa relativa. Así como cada pueblo y cada edad tuvo su arte clásico; esos mismos pueblos y edades tuvieron sus dimensiones.
Lo que hace que los europeos y americanos entendamos por arte clásico sólo lo derivado de lo griego, es que el Arte de Grecia se extendió a través de Europa y en ella se cultivó con fervor. Después, tras centenares de años, vino el Renacimiento y se hizo revivir el arte de Atenas imprimiéndole nuevos valores; soltura, movilidad, etc. Pero el arte del Renacimiento no fue sino un remedo del arte griego. Se siguió por esa misma ruta y se ha seguido viendo lo mismo. Justo es entonces que haya extrañeza ante toda manifestación que se desvíe de lo que siempre se ha visto. Sobre todo cuando falta el espíritu amplio de investigación.
Pero no se debe pretender destruir la realidad. Cada pueblo tiene su arte y todos difieren enormemente. ¿Habrá alguien que se atreva a desconocer el arte de los incas, el de los mexicanos, el de los araucanos sólo porque no guardan proporciones como el de Grecia?
Lo que exige el arte – continúa diciendo el escultor – es que se le deje desenvolver libremente. No es posible aprisionar el arte en moldes que han gustado a tales o cuales pueblos o en tales o cuales épocas. Abrase campo a la investigación, déjese correr libremente el pensamiento humano y habrá cultura y habrá arte. ¿No estamos viendo que un Einstein investiga en el tiempo y el espacio y que su teoría de la relatividad puede echar por tierra todo lo que hemos estado creyendo en millares de años? ¿Por qué entonces, se pretende coartar la libertad al artista, al que produce lo único que sobrevive a las edades? ¿Cómo hemos podido juzgar del grado de civilización de los pueblos antiguos? Por lo que nos han dejado en monumentos.
No nos asustemos entonces ante ese labrador infatigable que se llama el artista.

Y del cubismo, ¿qué nos dice?

Es otra palabra que asusta a los que no quieren comprender. El cubismo no es ninguna invención; ni siquiera es algo nuevo; el cubismo es tan antiguo como el mundo y las más valiosas manifestaciones del arte antiguo son cubistas. Para infundir valor a miedosos, a los timoratos, les recordaré que aquel grandioso artista e infatigable investigador y creador que se llamó Leonardo da Vinci, habla del cubismo en una de sus obras. En la naturaleza todo es cubista, pero cubierto con una capa que da otras formas. Hasta el globo en que habitamos tiene una forma geométrica, las montañas, las cosas. El cubismo en el arte es sólo la reducción de los objetos a su esencia a los planos que quedan una vez despojados de lo que los cubren.
- ¿Qué es del monumento a Magallanes? Preguntamos finalmente.
¡ Con cuanta pena veo que el monumento a uno de los más puros poetas chilenos corre peligro de quedar sólo en proyecto! Ustedes saben cómo nació la idea del monumento. Magallanes venía desde su residencia de San Bernardo, a ver mis obras en Santiago.
Varios amigos lo esperábamos con ansias de abrazar al artista del verso. Pero, en vez del poeta recibimos la triste noticia de su muerte. Un ataque en la calle cuando se encaminaba hacia nosotros puso término a su vida. Entonces nació la idea del monumento. Yo me empapé en la obra del gran poeta, lo más representativo de la poesía chilena, y tracé el proyecto del monumento con un cariño fraternal. La columna central lleva relieves que no se hacen desde hace cuatro mil años. Tengo la seguridad de que esa obra en Europa habría tenido amplia acogida. Mientras tanto aquí se le mira con indiferencia. Yo no he cobrado ni un centavo ni cobraré; lo hago por el cariño que tomé al poeta y por la circunstancia que medió en su muerte; y porque me placería enormemente que quedara una obra mía, de esa magnitud, aquí en Chile.
Además es el homenaje a un poeta. Sería el primer monumento de esa especie que se levantara en Chile, y esto hablaría muy claro de la cultura de este país. Pero… dudo de que se haga la obra. Faltan $40.000 y no hay quien los reúna. Se espera el hombre de fortuna que obsequie esa suma. Puede ser que haya uno y nos brinde la ocasión de de rendir un homenaje a un poeta, que sería como la glorificación del arte. Pero… debemos esperar.

TOTILA ALBERT JUZGA EL AMBIENTE ARTISTICO DE CHILE

V. Totila Albert juzga el ambiente artístico de Chile (La Unión, Valparaiso, 27/ ¿1924?

El arte no es para divertir

- “ El arte no es para divertir”- dice con voz tranquila y serena, con la firmeza de quien defiende un culto. – El arte es el producto del espíritu, la labor del cerebro. Para hacer su obra el artista ha debido despojarse de la miseria humana, y elevarse envuelto en bellos ideales de perfección.
Es necesario, pues – agrega – dignificar a ese obrero que labora para los espíritus cultos.

¿Y cómo hacer, en estos pueblos jóvenes, para obtener del público una comprensión del arte, para llegar a lo que sólo alcanzan los viejos pueblos de Europa?

He ahí el trabajo que corresponde a los escritores: enseñar siempre en todo momento y por cualquier motivo; exponer ideas, sin prejuicio, e informando de lo que se hace en pueblos más adelantados. Es incalculable el bien que hacen las revistas y los diarios que dedican páginas a artículos y reproducciones de obras de arte. Ésa es la manera de enseñar, de hacer comprender.
Los concursos, premios y recompensas

¿Qué opina de de las exposiciones oficiales, premios, recompensas, etc?

Todo eso conduce a la perversión del arte. Con premios y recompensas ni se enseña, ni se estimula.
En primer lugar – agrega - ¿quiénes juzgan en un concurso? Personas que tienen tales o cuales gustos u opiniones sobre escuelas o tendencias. Entonces o incluyen obra mediocre o excluyen obra buena. Viene después la clasificación y con ello sucede lo siguiente: siembran discordia y envidias. El artista, conociendo el jurado, hace obra que agrade a ese jurado. Los rebeldes, los que no se sujetan a una norma, los que trabajan libremente, no agradan al jurado y quedan excluidos. Entonces el artista se pervierte trabajando dentro de un molde; los rezagados se desconsuelan viéndose artificialmente aventajados por otros. Con respecto al público, el resultado es aún peor. Cree que lo premiado es lo mejor y por eso guía su gusto; y se desorienta. De ahí que el público nuestro no sepa distinguir lo bueno de lo malo.
El público rico

Hay un público pudiente, el público rico, que podría hacer mucho en bien de la cultura. Ese público tiene a su alcance todo lo necesario para tener cultura: viaja, lee, estudia, etc. Pero no hace nada porque tiene el prejuicio de lo europeo. Para los ricos americanos, sólo lo europeo vale. Puede haber obra valiosísima aquí de autores nacionales; pero el público rico no la adquiere porque no le agrada el nombre del artista.
Todo lo que se puede avanzar en Chile en cultura, será obra de los extranjeros, salvo, naturalmente, raros ejemplos de chilenos que han cultivado su espíritu y se han despojado de torpes prejuicios.

Es aplastante la indiferencia del público rico por la obra de arte. Aquí no se habla otra cosa, que de acciones de bolsa, de política o de problemillas familiares.

La cobardía de opinar

¿Y la actitud del público ante las obras de arte?

¡Ah! Es una cosa atroz la cobardía del público. Aplaude todo con una inconsciencia lamentable. Va un ejemplo. En un concierto en Santiago, Claudio Arrau tocó algo de un músico modernísimo, de una técnica endemoniada y desagradable al oído; es un autor que ni en Europa se comprende aún. Los pocos que entienden música, asistentes al concierto, creyeron que el público iría a romper en una rechifla o por lo menos iría a guardar un silencio profundo en señal de desaprobación ( eso habría sido una prueba de comprensión). ¿Saben ustedes lo que sucedió? Termina Arrau la ejecución y el público prorrumpe en una verdadera ovación. ¿Por qué aplaudía? Puede suceder lo contrario. Un artista a quien hay derecho a exigirle buena presentación, ofrece una obra mediocre y el público no protesta; aplaude.

Hay una exposición de pintura: una colección de mamarrachos; el público va, observa; pero no dice: “esto es malo”. No se discute en las exposiciones; sin embargo, cada uno que va sale pontificando, “pelando”, como se dice vulgarmente, porque así le parece. ¡Cuánto bien se haría si se discutiera, aprobara o desaprobara, en las mismas exposiciones o en los sitios donde se ofrece la obra!

A propósito de mi exposición en Santiago – agrega Totila Albert – me sucedió algo desconcertante. Fue aquello una obsesión del público; invadió el local para ver mis esculturas. Me propuse cambiar ideas, hacer comprender mi obra, atender al que quisiera oírme. Pues bien: durante todos los días que estuvo abierta la exposición, estuve discutiendo, gritando, exponiendo razones; pero creo que ni uno hubo que quisiera comprender. Hay una profunda pretensión de saberlo todo y una obstinación por no dejar penetrar una idea nueva a las ya adquiridas. (…) los latinoamericanos tienen sus ojos puestos en París, todo lo ven a través de lo francés. Es necesario mirar hacia otros países. Son innumerables las fuentes de investigación y de cultura para lo que quieren aprender.

El arte nuevo en Europa: el “ Sturn ”

Se ha abierto campo al arte nuevo en Europa?
– Es incontrarrestable la fuerza con que avanza el arte nuevo. Para darles una idea de la proporción en que están las tendencias nuevas con respecto a las viejas, podríamos decir que la mitad del público es partidario del arte nuevo, de los nuevos valores. Y este público no se ha formado por “snobismo” sino por comprensión; por asimilación de las ideas nuevas. Voy a darles un detalle de cómo se exteriorizó en Berlín el arte cubista. Se hablaba ya de cubismo: se hacía cubismo; pero no aparecía de lleno al público. Las exposiciones y los comerciantes lo obstaculizaban por temor. Pero he aquí que surgió un comerciante atrevido que estableció en una de las calles más centrales de Berlín un salón de exposiciones que se llamó – y llama – el “Sturn”, que significa el trueno, el estampido, dedicado únicamente al arte cubista. Principió a recolectar lo mejor del cubismo y a exponerlo al público; éste no acudía; poco después principió a entrar por espíritu de novedad. Mientras tanto el comerciante hablaba a los cuatro vientos del “cubismo” y del arte cubista. Se impuso el arte nuevo, el cubismo, en forma tal que hoy el personaje aludido es el comerciante de arte más famoso de Berlín. Y conste que nunca ha vendido nada más que arte cubista.

Como debe educarse al público en el arte

¿Cómo cree usted que debiera hacerse en el público la educación artística?

Este hermoso y gran problema debiera ser obra del Gobierno. Debiera crearse el Ministerio de Educación Artística, que comprendiera todas las ramas del arte. Este ministerio contrataría artistas en Europa y los traería para que enseñaran en todo el país. A la vez, se adquirirían obras de arte de todas las escuelas, colecciones en que se viera desde lo académico hasta lo más avanzado o revolucionario. Frente a estas obras, se darían las conferencias educacionales. Estas exposiciones y conferencias estarían por lo regular ubicadas en los establecimientos de educación, y en determinados días del año se las haría públicas.

Así se formaría una juventud a la vez amante del arte, conocedora de escuelas y tendencias y capaz de discernir.

Monumento al artista desconocido

El talento del entusiasta artista se desborda sobre hermosos temas dedicados a nuestro país.

¿Por qué desconfiar – dice –que se pueda hacer algo grande, digno de ejemplo no sólo para los pueblos americanos, sino también para los de Europa? No hace mucho – agrega – una influyente personalidad de Santiago me insinuaba la idea de construir el Mausoleo de los Artistas, donde fueran a descansar los restos de todos nuestros artistas. Se juzga fácil realizar esta obra. Pero yo le insinué otra idea, más grande y más hermosa, que daría lustre a Chile: el homenaje al artista, que podría traducirse en el “Monumento al artista desconocido”, el más hermoso símbolo de homenaje al arte.

Es necesario principiar por levantar el nivel social del artista: entre nosotros, “artista” es un sinónimo de vagabundo, flojo, y hasta de corrompido. Debemos primeramente destruir esa idea y hacer comprender que el artista es el soñador infatigable , que anhela un ideal superior; que es el labrador cuya obra se sobrepone al tiempo.

El primer paso sería instituir “el día del artista”, para todo el país. En ese día se harían grandes fiestas de puro arte y conferencias educativas.

Veamos ahora qué significaría el “Monumento al artista desconocido”, ante los demás pueblos cultos. Sería un ejemplo que tendría que registrar la historia escrito con caracteres imborrables; una nueva Atenas se levantaría en Sud América.

¿Es esto una utopía? No. Es una cosa fácil de realizar. Sólo falta el brazo ejecutor; y en este país hay muchos hombres pudientes, bien intencionados y capaces de las más hermosas obras.

(…)

TOTILA ALBERT EN BOLIVIA

(Sin mención de autor) Totila Albert realizará una obra en Bolivia ( La Paz, La Nación, 7/10/1939)

Este año, en el mes de abril, Totila Albert presentó en la Galería Schoeller, de París, un magnífico grupo de esculturas. Schoeller, experto de arte del estado francés, le dijo: “se ha realizado en su escultura la aspiración de nuestra época”. Esta aspiración no es otra que dar forma estable y, por tanto, clásica, a la escultura que interpreta la vida eterna a través de todas las experiencias científicas que se han hecho en los últimos tiempos.

Pregunto a Totila Albert en la redacción de La Nación si su escultura es tan clásica como la de los griegos. Me responde que sí. El en su obra tiene originalidad: es indudable. Pero, es expresión única, es logro definitivo? Sabemos que en el estilo de algunos de sus trabajos se advierte el rápido paso de Albert, pero, cuando miramos las fotografías de sus esculturas, nos damos cuenta de que es algo nuevo, las líneas nos atraen con misterioso sortilegio: tienen ellas una valentía extraordinaria. Valentía en conceptos; valentía en movimiento; valentía para saltar por sobre los moldes consagrados hacia una expresión originalísima del arte.

Estoy con Totila Albert en un ambiente de bullicio. Salimos. La calle se aleja sinuosa y se empina en la distancia. El escultor chileno me dice que este país ha cautivado no sólo su pupila y su pensamiento sino su fuerza creadora, el íntimo latido del artista que busca materia, el mármol y la piedra inertes para volcar en ellos los seres de la naturaleza, el infinito transcurso del hombre. ¿Por qué Totila Albert se ha impresionado aquí más que en otras partes, más que en el tranquilo y hermoso barrio de Friedenau (un sonriente rincón del nuevo Berlín), en el que, rodeado de una decoración de árboles y flores, tenía su taller? Y es que, como lo ha dicho Manuel Bianchi, el escultor tiene un espíritu amplio, un alma de artista que no sólo abomina de las barreras espirituales, sino que desearía para sí un taller que no tuviera otro horizonte que cordilleras o mares, ni otro techo que la inmensa bóveda de un cielo muy azul.

El arte clásico, le digo, fue captado en el Renacimiento. ¿Por qué radica usted su expresión artística en Grecia y no en la Italia de Miguel Angel?

El Renacimiento es una época romántica, como que desemboca en el período romántico de 1800. El verdadero arte clásico por su expresión eterna en pureza es el griego. Y también el egipcio, el hindú, el chino y el azteca. Por eso me interesa esta tierra donde puedo embeberme y tomar materiales de fuentes puras. Lo demás es escuela o clasicismo, o sea el arte que se hace en las Escuelas de Bellas Artes. El arte clásico no existe en nuestra época, pero el anhelo del arte moderno es llegar a formas definitivas que más tarde se van a considerar clásicas.

¿Ha obtenido usted el logro?

Sí. Schoeller me dijo que había encontrado el buen camino. Fue para él

como para mí - una revelación. El se mostró feliz de haber descubierto en mis obras formas definitivas. Recuerdo sus palabras: “ Es un honor haberlo encontrado a usted y tener la posibilidad de exhibir sus obras”.

¿Qué arte es más grande?

Para mí, la poesía. Pero el arte superior es la música. La escultura y la pintura evoca lo humano; en la poesía lo humano se ha sublimizado, se ha desprendido, por así decirlo, de la tierra. La música es el arte más espiritual, el que más aproxima al hombre a su origen divino.

Sin embargo, pienso que hay una grandeza superior en la escultura: el contraste entre la materia y el alma. Usted, por ejemplo, como escultor, lleva a la roca el palpitar de una idea; da una forma filosófica eterna a algo que permanece mudo y oscuro en los siglos, como es la materia. ¿No hay aquí una grandeza encerrada en los límites humanos y, por tanto más reveladora de la vida?

Yo soy poeta y escultor: mido la intensidad de las dos cosas. Mi obra poética, que es una epopeya en alemán de seis tomos, se titula “El Nacimiento del Yo”. En el primer tomo trato la vida, en el segundo el tiempo en que se escribe la vida; en el tercero la recuperación del cuerpo físico astronómico; en el cuarto el paso por todas las religiones, es decir, el sol en el Padre; en el quinto la caída a la noche cósmica, que es la correspondencia que tiene la humanidad en el vientre de la madre. En mi obra se encierra el pasado, el presente y el futuro, los cinco pasos de la meditación, dicho en otras palabras: la materia histórica, la de la resurrección, la física, la religiosa y la biológica. Una palabra hindú las encierra en totalidad: Prapantschi, que quiere decir nacer, salir de los cinco. En el sexto tomo, que es el Tú Revelado llego al espacio musical, al canto interior de los seres que se desprende de la materia. Usted puede leer mi obra escuchando la música de Beethoven y recordar los versos en las notas musicales. La correspondencia entre la poesía y la música indica que estas artes han alcanzado la suprema aspiración espiritual de la humanidad. Son los más grandes. Pero, le encuentro razón a usted cuando dice que la escultura es grandiosa como arte humano, en que participa el espíritu y la materia.

Totila Albert tiene un cuerpo menudo, una alborotada cabellera y una mirada de niño, con todo el exterior un tanto ingenuo de los tipos del norte. Pero, al hablar, parece levantarse en un impulso irresistible hacia el cielo. El hombre que camina a mi lado es el autor de “Las mujeres de la montaña” . Cuatro figuras sentadas y una enorme figura de pie sobre la cumbre de un cerro componen “Las mujeres de la montaña”. Las cuatro figuras sentadas representan “El Dolor”, “El Pensamiento”, “La Lucha” y “La Acción Creadora”. Estas cinco figuras concretan el proceso de toda vida que hace su verdadero camino y por tanto el camino de la humanidad misma.

El concepto filosófico de su poesía, ¿es el mismo que lleva a sus obras escultóricas?

El mismo. La escultura es la expresión del lenguaje particular del hombre; la poesía es la expresión del idioma del alma. Cuando como hombre enmudecía en mi dolor, un Dios me dió la facultad de decir lo que sufro – dijo Goethe. Sin embargo, a través de la materia hay dos lenguajes; uno particular y otro universal. El secreto del arte es este: mientras más particular es más universal. Dante, levantándose en primera persona, representa el poder crítico de la humanidad, es el juez del hombre y de todos los hombres.

¿Puede deducirse que el esfuerzo colectivo es estéril y que al individuo le es dable actuar sobre las posibilidades circundantes como el artista actúa sobre la materia?

Efectivamente. La realidad que vemos en el arte podemos llevarla a todas las actividades humanas. El hombre y no el grupo determina el futuro; no son las masas sino los genios los que hacen la grandeza de las naciones.

En la mayoría de sus composiciones se nota la influencia sexual, la cópula es el elemento predominante. ¿Por qué ha dado usted a este aspecto de la vida tanta importancia?

Es el estado creador, fuente de toda la vida, lo que me interesa llevar en todas sus manifestaciones a la conciencia humana. Estado ocultado como si fuera vergonzoso, cuando, en realidad, el sexo es noble. En el fondo, persigo dar visualidad a la creación. “El Ritmo Eterno” es el ritmo creador y de ahí la cópula. Pero trasunta la eterna dualidad divina. Dios, para vivir en sus criaturas, se divide en dos.

¿Por qué, entonces, el hombre tiende a la unidad?

Para volver a Dios. O digamos; Dios tiende a la unidad para volver a sí mismo. Porque el Dios que se desparrama en la tierra es siempre doble y, en su trascendencia meramente espiritual, expande el sufrimiento y el placer, sufre y goza por medio de sus criaturas. En la inmovilidad final, que no es creadora, no goza ni sufre. Las religiones buscan este ideal y en parte, lo ha alcanzado ya el hinduismo.

GABRIELA MISTRAL ALABA A TOTILA ALBERT

Gabriela Mistral habla de Totila Albert. La Nación, La Paz, ( Domingo 29 de Octubre de1939)

Dos sucesos de la vida artística de Chile han alcanzado a la ausente: el libro de poesías de Pablo Neruda (un poeta ya formado a los veinte años), y la obra del escultor Totila Albert, que llega hasta mí un álbum nutrido y espléndidamente impreso, como que está hecho en Alemania. Quede para ocasión próxima el comentario del libro; con la impresión aún palpitante de las estatuas de Albert, quiero vaciar éste.

La primera página que desdoblo presenta la visión de la montaña en la cual están derramadas cuatro estatuas: la del Dolor, la del Pensamiento, la de la Acción Creadora, la de la Perfección que corona la montaña. Es una visión antigua, la de totalidad, de una sencillez que refresca los ojos cansados de complejidades, y es suave como un crepúsculo. Seguimos hojeando, y aparecen las figuras en detalle. En toda la escultura chilena, posiblemente en la americana, no se había cuajado el símbolo con cualidades semejantes de precisión, simplicidad y fuerza. Una virtud engendra a la otra: la fuerza viene de su sencillez, que, cuando es noble, no es desmadejada, tiene el vigor. Yo celebro, en primer lugar, esta aparición del simbolismo en la escultura chilena que es una vuelta a la espiritualidad, porque el realismo puro, sin aleaciones, el espeso realismo, es una forma de aplebeyamiento del arte y una expresión de decadencia.

La figura del Dolor da, con el solo rostro cubierto y con el recogimiento maravilloso de la vestidura, la emoción, en un dardo recto sobre los ojos. La figura curvada del Pensamiento parece tener sobre sí toda la noche, amiga del “pensaroso” y toda la fatiga de la meditación dolorosa (…) En la Lucha y en la Creación, o las fotografías fallan, o el acierto genial no se repite, porque no es humano tampoco mantener al mismo nivel las partes de un conjunto de esta índole (…) La de la Perfección sale del concepto clásico: no es magnífico, como hubiera sido en la mano de un escultor griego, no está hecha de proporción ni de gozo; estaban lejos de la mente creadora Pitágoras y Fidias. Es una perfección cristiana; está hecho de humildad y recogimiento. Las manos van hacia el pecho, como en los cuadros de los místicos; la cabeza se inclina, recordando la tierra. Y es cristiana la vestidura, próxima al sayal, que cae hasta los pies.

Después de ese grupo, lo que más admiro en el album son las cabezas, las poderosas cabezas de germanos y de mujeres chilenas, llenas de verdad, modeladas con unos cuantos trazos, sin esfuerzo, como si crear fuese en este hombre el estado natural, y no la fiebre pasajera.

Yo no sé dibujo ni entiendo en técnicos de escultura ni en técnica alguna, a Dios gracias. Miro la obra de arte sin separarla de las creaciones naturales y, o me da la ráfaga embriagadora del mar sobre la cara, o no me da nada. Yo escribo sobre estas figuras sin pretensión de crítico. No hay entre mis ojos y estas figuras el velo fatal de cien fórmulas de belleza ni el abejeo de las teorías, que se alborotan al erudito en la memoria, en cuanto mira un cuadro. Hay el solo aire transparente y la visión directa y aguda. Y miradas con este ojo limpio de primitivo, me parecen la verdadera, me dan la fiesta que sigue siendo la belleza sobre el mundo, que se encuentra en una vida unas pocas veces, y que nos hace temblar enteros. (…).

Canto 72 
El Arco Iris

Tú que tienes lluvia por delante,
Sol en la espalda y sobre ti
Un momento el cielo despejado,
Alma vacilante
¿Ves el puente que tendí
Amarillo, azul y colorado?
Repentino
Transparente y fino
Luminoso es mi poder
Adivino
En silencio tu destino
Y te ayudo a ver. 

Tú que tienes sino de dolores,
Sangre apasionada y sobre ti
Un momento el cielo despejado
¿Ves el cuerpo alado
Que de sueños reuní
En el arco de los tres colores?
En ausencia
Temporal
De la paterna conciencia
Obra la inteligencia
Maternal
De divina providencia. 

Tú que tienes hijos en la guerra,
Paz en tu hogar y sobre ti
Un momento el cielo despejado
¿Nunca habrás pasado
Bajo el puente que tendí
Sobre los confines de la tierra?
¿Vio tu cuna
Una vez la luna
Evocar el arco blanco
Y debajo una
Madre que reúna
Su dolor sobre el vacío banco? 

Tú que tienes frescas las heridas,
Mutilado el cuerpo sobre ti
Un momento el cielo despejado
¿Nunca habrás pensado:
Con los miembros que perdí
He perdido muchas vidas?
Fe tendrás o peor
Un fanático amor
A la vida defendida
Recordando con dolor
El pacífico color
Arco Iris de tu herida. 

Tú que tienes padre y madre sanos,
Porvenir incierto y sobre ti
Un momento el cielo despejado,
Niño a mi cuidado
¿Ves el puente que tendí
Para comprender a tus hermanos?
Gotas infinitas
Puras y benditas
Por el sol multicolor
Quieren que repitas
La señal y emitas
Todo el arco iris del amor. 

Tú que tienes vida por delante,
Padres en la tumba y sobre ti
Un momento el cielo despejado,
Alma en Dios brillante
Sobre el arco te medí
Tercio de ese cuerpo alado
Que se guía y es guiado
Cuando a progresar incita
Con la luz que ha pasado
Por la vida tripartita
Arco entero iluminado
¡Ven! humanidad bendita. 

16/8/1945 

Canto 4 
Las mujeres de la montaña

Era el último invierno
De aquel primer infierno
Que llaman guerra mundial,
De fuego y agonía
De hambre y frío se sufría
Y de la muerte colosal.
Vivir llegaba a ser adorno.
El ave del retorno
En mi alma no existía,
El padre de mi vida
Vivía.
Perdida
En las tinieblas de la muerte
Vagaba la madre de mi suerte.
Sentado así en el taller
Y con el rostro entre las manos
Miraba dentro para ver
En mí los límites lejanos,
Cuando de cerca un vibrar
De todo el cuerpo mío siento
Y en contornos vi girar
Los límites del sufrimiento.
Pues, encogime a la vez
Y las rodillas en la cara,
Solté el grito a los pies
Cual si las lágrimas soltara
Por contenerme de llorar
Sentí espacio de un río
Y por primera vez cantar
El ondular del ritmo mío.
Después pensé quedar dormido
Y desperté en el pensar.
Ya el dolor se había ido
Y yo resuelto de quedar
En mí medí el firmamento
De la cabeza a los pies
Un solo grande pensamiento
Es la figura que tú ves.
Mi padre suavizó el enojo
“No te comprendo” dijo,
“ ¿Para qué
Haces figuras al antojo
Sin cuerpo, cara, mano, pie?”
“Cornetas, caracoles, hijo,
Querrás hacer y yo confié
Que tú harías escultura”
Volví a mi tarea dura
Y decidido a luchar
Hice la próxima figura
Que lucha hemos de llamar.
Y escuchando en mí la hora
De la acción me entregué
A la que llamo creadora

Concentración de buena fe.
Y terminada, ella misma
Llamó en mí la perfección
Central figura que abisma
Erguida en su devoción.
Los cinco símbolos estaban
En yeso blanco en mi taller
Y majestuosamente oraban
Porque el padre las fuera a ver.
Y lo llamé. Mi padre vino.

Lo vi con lágrimas luchar
Y abrazándome, llorar,
Decirme: “Esto es divino”
Después en calma prosiguió:
“Es nuevo, hijo, y eterno.
Primer adepto a ti soy yo.”
Ahora, el segundo infierno,
Mundial también, las destruyó.
Adiós Mujeres de la montaña
Que tan gran padre protegió
Amar el arte es hazaña
Cuando la vida es hostil
Y cuanto más en este caso
Que vuelvo a unir el lazo
Con ese padre varonil
Que veo tan perfeccionado
Mover el vuelo del cuerpo alado. 

17/4/1945 

Canto 15 
Jacob lucha contra el ángel

(Monumento a Lastarria) 
Yo que tengo las alas afuera
¿Debo luchar con el Angel, Jacob?
No necesitas, diría Jacob,
Pero luchar con el hombre es quimera.
Dime, el Angel con quien luchaste
¿Se entregó tal vez al amor?
Lucha divina es de dolor
Lucha divina es de contraste.
Eso dirías desde tu tumba.
Yo que quise tu lucha mostrar
Tuve infamia que soportar
Pues decían con voz de jurado
Invertidos he presentado.
Habla tú con el Angel, Jacob:
¿ Por dónde
Traspaso el umbral de la Muerte?
Por donde tú quieras,
Si quieres, ¡Aquí!
¡Angel!
¡A quien yo buscaba
Y siempre conocí!
¿No te sorprende mi presencia?
¿Cómo te llamas?
¡Jacob!
“Nombre que siempre suena en mí
Y que siempre olvido.”
Jacob te dije.
¿ Y cómo he de llamarte a ti?
“Dame tu nombre”
Jacob, tú que eres Angel
Ayúdale a Jacob que no lo es.
¿Dudas de tu existencia?
Dudo de tu presencia.
¡Ay de ti!
¡Ay de mí! Angel,
Tú que me sujetas
¿Por qué me clavas el pie
Y la mano en la cintura?
Eres tú quien lucha conmigo
Ciego Jacob, vidente amigo.”
A mí me toca palparte, Angel
Con estas manos que sumergí.
¿Qué sumergiste, Jacob, en qué?

¿En quién? Pregunta, porque de ti
Dolor adentro
Mas rastro alguno afuera encuentro.
“Jacob, afuera quedaron tus manos
Pero el Angel está en ti.”

En el vacío quedaron mis manos
Y toda mi fuerza se va
Jacob, no digas en el vacío
Que de tu fuerza se llenará.
¿Serán los dedos que se me crispan
Feroz y fuera de voluntad?
Ahora veo
Que tú me quieres
Jacob, y creo
En lo que eres
Que mientras busco visible don
Jacob, encuentras tú la visión.
¿Por qué aflojas tus fuerzas, Angel
Y me alivias del dolor?
No te desprendas
De mí
No te vayas
Sin mí
O déjame
Tu bendición.
“Tocaste, Jacob
El arpa del cielo
Invisible al través
De mis alas,
Benditas las manos
Crispadas en mí
Vacías y llenas
Del porvenir.
Suéltame ciego
Al espacio que suena
Y que has de oir.” 

27/4/1945  

Canto 76 
El monumento a Rubén Darío 

Tú que vienes desnuda
Simplemente mujer
Algo más que ayuda
Te podría ofrecer. 

Hombre alegre y desnudo
Bienvenido al azar
Fuera de tu saludo
Nada podría aceptar. 

¿No se ofrece el camino
Y lo aceptan a tus pies
Por el cuerpo divino
Y el alma después? 

Por el alma primero
Se movieron mis pies
Nunca pues acelero
El camino al revés. 

Es el alma el espejo
De un cuerpo ideal
Tomas tú el reflejo
Por el original. 

Lo que dices es cierto
Pues en vez de andar
Con el paso abierto
Ambos nos veo quedar. 

En igual movimiento
Se tradujo la voz
Algo de consentimiento
Ha quedado entre nos. 

Es igual a la ofrenda
Esperar con pudor
El espíritu encienda
En tu mano la flor 

Un perfume evocas
Amorosa visión
A distancia de bocas
En igual condición. 

En el paso abierto
Hay un trecho demás
Si se cierra es cierto
Que de siempre te vas. 

La mirada devuelves
Vuelta ya hacia atrás
Si caminar resuelves
No nos veremos más. 

Pienso que no nos movamos
Mientras dura la fe
Que lo que ambos pensamos
Sabes y yo también sé. 

Pienso que señalamos
La dirección fatal
Brazos que levantamos
Ambos horizontal. 

Esa mano al cielo
Frente a la mía sin dar
Toma la forma de vuelo
Entre amar y amar 

Esa mano te ofrece
Invisible la flor
Que del azul florece
Entre cielo y amor. 

En la cruz de la vida
Una danza de dos
Tiene que ser de venida
Y de continuo adiós. 

Canto 10
Ritmo eterno

Madre mía que estás en tu ala
Yo estaba en mi taller
Viendo que acumulaba
Treinta años de saber.
Conocía el misterio,
Ejercía su dolor
Tan alegre como serio
Yo pedía el amor.
Sin que eso impidiera
Entregarme yo también
A la loca primavera
Acoplada con la sien.
Cuanta savia subía
Por el tronco de Jesús
De raíz se convertía
En el fruto de la luz.
Otra vida es la mía
Pues mi tronco es mortal
Y mi arte florecía
Con el cielo al igual.
El espíritu es santo
Por venir también de vos
Cuerpo madre de quebranto
Inmortal divina voz.
Una noche me decía
El aliento de tu paz
El misterio vivía
En la transformada faz.
Con el ansia me levanto,
Sé que voy a modelar
El impulso que por santo
El origen puede dar.
Es el cuerpo tan entero
Como el verbo del Señor
El artista tan sincero
Cuan profundo su amor.
El amor es heredado
Nazco, vivo y muero en él
Por lo mismo es sagrado
El esfuerzo del cincel.
Mientras yo pensaba esto
Se unían entre sí
Los dos cuerpos en el gesto
De pasión que yo sentí.
De los cuerpos alargados
Arrancaban sin pudor
Ocho miembros enlazados
En un canto de amor.
Su tejido vinculado
Al poder horizontal
Mantenía elevado
El espacio total.
Yo pensaba cual sería
El placer monumental
Caminar tal vez un día
Con orgullo vertical
Entre brazos entre piernas
Ver el cielo irrumpir
Amalgamar por ser eternas
Las maneras de vivir.
Y sufriéndolas mordía
La amada boca el pie
Del amante que hundía
En su pecho toda fe.
Los amigos penetraron
Con asombro al taller
Por el nombre preguntaron
“Ritmo Eterno, deber ser”
Exclamó un entusiasta
Pero el otro agregó
“Como adelantas hasta
Estas formas, no sé yo”.
Yo tampoco lo sabía
Me tardé en contestar
Mientras la tensión tendía
Puentes para recordar.
¡Los palotes! ¡Bosque Virgen!
Virgen era yo también.
Protector del bosque virgen
¡Déjame besar tu sien! 

24/4/45