Muy cerca debo estar del cielo...


Totila es el nombre de un rey ostrogodo y significa guerrero; hombre combativo y poderoso.  Sin embargo, hay guerreros pacíficos y despojados de dominio material, cuya fuerza es interior y viaja en un río revuelto, en una vorágine de sentimientos intensos que se desborda en el arte y es imposible de ignorar. Obediente a ese mandato, Totila Albert hizo del arte el motivo central de su existencia y vivió exactamente como quiso. Fue un rey en su autenticidad - la de la libertad personal y la conciencia soberana-  que reinó en su Academia Libre, aportó al arte desde su pequeño gran mundo interior y jamás se arrepintió de haber sido artista.
De pocos pero buenos amigos que hasta el día de hoy lo recuerdan con respeto y admiración como una muy querida presencia que va y viene, viajando en el recuerdo; siempre trabajador y productivo en lo artístico, pero incapaz de mantener económicamente a su familia.  A veces enrabiado y ensimismado. Otras humilde, sereno y reflexivo. Un padre amante de su hija y un difícil marido para su estricta y práctica mujer.
Desdeñada o sobrevalorada: entre esos extremos oscila la apreciación general de su obra. Esculturas amadas y poemas extraños, singulares y originales que esperan ser comprendidos por un alma poética como la suya. 
Con el fin de guiar a la gente hacia un mundo mejor, más justo y equilibrado realizó un viaje hacia sí mismo, a las profundidades de su inconsciente. Desde allí, del interior de la semilla, contempló y evaluó a Occidente.
A los 75 años, enfermo y deteriorado se desprendió de la tierra como un personaje etéreo y abandonó este mundo de cara al cielo cuando la muerte lo vino a buscar un soleado día de primavera. Seguramente la recibió agradecido y entregado para dejarla   “mover el vuelo del cuerpo alado”.

Recuerdo que en la tierra vi dormir las aguas en el hielo.
 Los astros pesan sobre mí, muy cerca debo estar del cielo.
 Recuerdo que en la tierra fui un fuego sacro en otro fuego.
 Los astros pesan sobre mí, el cielo me recibe luego.
 Recuerdo que la tierra en sí giraba ansiosa a mi encuentro.
 Los astros pesan sobre mí, ya debo hallarme cielo adentro…
Totila Albert
(1892-1967)

Esta investigación  contó con el apoyo del Consejo del Libro y la Lectura, 2002.